Un domingo en Urgencias! Capítulo II

Febrero 27, 2008

Y ahí estábamos en la casilla número 2 esperando el siguiente movimiento. Pasados unos minutos, entró una enfermera, algo llevaba en la mano, ¡glups! ¿es una aguja? -me pregunté- no me dio tiempo a pensármelo, de repente apuntó amenzadoramente y sin más compasión atravesó mi brazó y se quedó con una muestra de mi preciado líquido rojo, supongo que como pago por participar en este maravilloso juego de las urgencias.

Todavía no me había repuesto del atraco que había sufrido, cuando entró de nuevo la enfermera con otro extraño artilugo con la intención de atraparme el maltrecho brazo agujereado y someterlo a nuevas torturas. Cuando consiguió engancharme (trabajo le costó, por cierto) eso empezó a inflarse apretándo más y más, yo miraba a la enfermera preguntándome hasta cuándo tenía eso que inflarse, ¿hasta que el brazo se pusiera azul? ¿hasta que se fuesen cayendo los dedos uno a uno? Por fín, empezó a aflojarse la presión, y la enfermera con voz profesional dijo, tiene usted una tensión muy baja… ¡cómo no! ¡¡la tensión se ha escapado antes de que la aplasten!! ahí se va a quedar!

La enfermera desapareció, y nos quedamos en el box impacientes por conocer qué sería lo siguiente. Para reponerme de tanta ”emoción” me tumbé en la camilla, dispuesta a reubicar la rabadilla, la columna y las vertebras descolocadas previamente en la sala de espera y sus fabulosos asientos. Justo estaba a punto de conseguirlo, cuando mi enfermera favorita volvió a aparecer y amablemente nos invitó a salir del box para ir a la casilla número 3 que consistía en probar la comodidad de un sillón en mitad de un pasillo compartido por 5 participantes más con sus respectivos sillones, ¡claro! -me dije- siguen pensando en nuestro bienestar, ¡no hay nada mejor para sentirse bien que ver el malestar ajeno!

Más o menos eran las 3 de la tarde, yo soñaba con una hamburguesa doble, ¡tan poco sana ella, con su carne, su ketchup!!… supongo que el hilillo de baba que asomaba por mi boca me delató, porque el doctor se acercó y me dijo si quería comer, conteniendo mi instinto de tirarme a su yugular le respondí suavemente que estaría bien. A eso de las 5 de la tarde todavía estaba esperando la tan esperada comida que nunca llegó, lo cual me llevó a la conclusión de que lo hicieron por mi bien, no vaya a ser que unas pocas proteínas me hicieran levantar del sillón y me fuera a casa abandonando el concurso.

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3 Comments Add your own

  • 1. awatermelon  |  Febrero 28, 2008 at 8:39 am

    + juas juas juas

    Responder
  • 2. Isma  |  Marzo 3, 2008 at 4:11 pm

    No se si reir o llorar… de risa :-)

    Responder
  • 3. Carmen  |  Marzo 5, 2008 at 10:45 am

    Anitaaaaaaaaaaaa tu puedes con esto y mucho másssss.
    Me lo has demistrado desde que tenias………………………….
    8 años? jejejee creo que si.
    Un besote

    Responder

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